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Cuando Dios calla es por que esta trabajando a tu favor




¡Queridos amigos en la fe! ¿Cuántas veces nos encontramos frente al silencio de Dios y nos preguntamos qué está pasando? ¿Cuántas noches hemos pasado en la incertidumbre, buscando respuestas en un cielo aparentemente mudo? Es natural sentirnos así.


Pero en esos momentos, ¿cuánto tiempo realmente le dedicamos a Dios? ¿Cuántas veces nos detenemos a escuchar su voz en medio del bullicio de nuestras vidas diarias?

Hagamos una pausa y seamos sinceros.


A veces, en medio de nuestras ocupaciones y preocupaciones, relegamos a Dios a un segundo plano. Tal vez le dedicamos un par de minutos antes de dormir, o quizás una oración rápida antes de comenzar el día. Pero ¿es eso suficiente? ¿Estamos realmente entregándole el tiempo y la atención que merece el Creador del universo?


Mis amigos, entiendo que la vida es agitada. Hay responsabilidades que cumplir, metas por alcanzar, y a menudo el tiempo parece escaparse entre nuestros dedos como arena en el desierto. Pero permítanme recordarles algo: Dios no se ausenta de nuestras vidas porque nos haya abandonado, sino porque a veces necesitamos aprender a escuchar en el silencio.


Cuando Dios calla, no es para ignorarnos, sino para darnos la oportunidad de crecer en fe y confianza. En esos momentos de silencio, es cuando nuestra fe es puesta a prueba, pero también es cuando tenemos la oportunidad de fortalecerla. Es en el silencio donde aprendemos a confiar en que, aunque no escuchemos su voz, Él está presente, obrando en nuestras vidas de maneras que aún no entendemos.


Así que les animo, queridos hermanos, a no temer al silencio de Dios, sino a abrazarlo con fe y esperanza. Dediquemos tiempo cada día para estar en su presencia, para buscarlo en la lectura de su Palabra y en la oración sincera.


No dejemos que las ocupaciones del mundo nos alejen del único que verdaderamente puede llenar nuestro corazón de paz y alegría. Recuerden siempre que, aunque los cielos parezcan estar cerrados, Dios está ahí, escuchando cada una de nuestras oraciones, atento a cada una de nuestras necesidades. Confíen en su amor incondicional y en su sabiduría perfecta, y verán cómo el silencio se convierte en una oportunidad para crecer en intimidad con Él.


Mi oración es que este devocional les traiga ánimo y fortaleza en su caminar de fe. Que nunca olvidemos que, aunque los tiempos de silencio puedan ser difíciles, son en ellos donde encontramos la fuerza para seguir adelante. Que Dios les bendiga abundantemente y les guíe en cada paso que den. Amen.


 

Padre celestial,


En este momento de silencio, me encuentro ante ti con un corazón sincero y abierto. Reconozco, Señor, que a veces me siento perdido y confundido cuando tus respuestas no llegan, cuando parece que tu voz se desvanece en el eco de mi propia angustia. Pero en este momento de vulnerabilidad, te pido que me des la fuerza para confiar en tu plan perfecto.


Ayúdame a recordar, Dios compasivo, que tu silencio no es ausencia, sino oportunidad. En estos momentos de aparente vacío, me enseñas a confiar en tu amor eterno y en tu sabiduría infinita. Dame la gracia de buscar tu presencia en cada nuevo día, de encontrar consuelo en la lectura de tu Palabra y en la comunión contigo en la oración.


Señor, que en los momentos de silencio pueda escuchar el susurro de tu Espíritu Santo, que me guía y consuela en medio de las tormentas de la vida. Que en lugar de desesperar, pueda esperar con paciencia en tu promesa de estar siempre conmigo, incluso en los momentos más oscuros.


Te pido, Padre amoroso, que me des la gracia de aceptar tu voluntad en todas las circunstancias, sabiendo que eres soberano sobre todas las cosas. Que mi fe no flaqueé en los momentos de silencio, sino que se fortalezca y crezca cada día más, confiando en que tu plan para mi vida es perfecto y lleno de amor.


Padre celestial, encomiendo mi vida y mis preocupaciones en tus manos poderosas. Que tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, llene mi corazón y me sostenga en los momentos de silencio. Que tu amor inagotable me impulse a seguir adelante con fe y esperanza, sabiendo que tú estás siempre conmigo, incluso cuando parece que callas.


Te lo pido en el nombre de tu amado Hijo Jesucristo, quien me enseñó a confiar en ti en todo momento. Amén.


 

Hijos míos,


En medio del bullicio del mundo, a menudo me buscan en el silencio. Pero ¿acaso no me encuentran hablando en cada susurro del viento, en cada rayo de sol que acaricia sus rostros al amanecer? ¿No me oyen en el canto de los pájaros, en el murmullo del arroyo, en el latido de sus propios corazones?


Hijos míos, no siempre hablo en voz alta como el trueno que retumba en el cielo. A veces me revelo en la suavidad de un suspiro, en la ternura de una mirada, en el abrazo sincero de un ser querido. Aprendan a escucharme en los pequeños detalles de la vida, en los momentos cotidianos que a menudo pasan desapercibidos.


No esperen siempre respuestas grandiosas y revelaciones espectaculares. A veces mi voz se encuentra en el susurro de la conciencia, en la paz que invade sus corazones en medio de la tormenta, en la certeza tranquila que les susurra que todo estará bien.


Hijos míos, recuerden que estoy siempre presente, incluso en los momentos de aparente silencio. No se desanimen si no escuchan mis palabras con claridad, pues mi amor por ustedes es constante e inquebrantable. Confíen en mi plan perfecto, en mi cuidado amoroso, y encontrarán la fuerza para seguir adelante incluso en los tiempos más difíciles.


Que cada día despierten con el corazón abierto para escuchar mi voz en el murmullo del día a día. Que aprendan a reconocerme en cada encuentro, en cada experiencia, en cada momento de sus vidas. Y que nunca olviden que, aunque a veces parezca que me quedo en silencio, estoy siempre hablando a ustedes, mis amados hijos, con amor infinito y eterno.

Con amor,


Dios


 

Hoy, queridos amigos, los invito a reflexionar sobre la maravillosa realidad de que Dios siempre está hablando a cada uno de nosotros, incluso en los momentos más silenciosos de nuestras vidas. Su voz puede no resonar con estruendo, pero está presente en cada detalle, en cada acontecimiento, en cada latido de nuestros corazones.


Es momento de abrir nuestros oídos espirituales para escucharle en el susurro del viento, en el canto de los pájaros, en la sonrisa de un niño. Es momento de reconocer Su presencia en cada amanecer y en cada anochecer, en cada momento de alegría y en cada lágrima derramada.


No esperemos más para buscarle con todo nuestro ser, para entregarle nuestras vidas por completo y permitirle dirigir nuestros pasos. Es hora de tomar decisiones que reflejen nuestra confianza en Él, decisiones que nos lleven más cerca de su amor y su propósito para nosotros.


Así que los desafío hoy: compartan sus experiencias de cómo Dios ha hablado a sus vidas, cómo han sentido su presencia en medio del silencio. Abran sus corazones y escuchen las historias de otros, aprendan de ellas y crezcan juntos en fe y en comunión.


Que este día marque un nuevo comienzo en sus vidas, un comienzo lleno de la certeza de que Dios siempre está hablando, siempre está presente, siempre está obrando en cada uno de nosotros. ¡Que su amor insondable nos impulse a vivir cada día con pasión y propósito, confiando plenamente en su guía y su cuidado!


¡Adelante, amigos míos! ¡Que nuestras vidas sean testimonios vivientes del poder y la gracia de nuestro Dios que nunca calla!


Tu consejero espiritual Sergio Andres

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3 Comments


Unknown member
hace 3 días

Bendito sea señor padre 🙏❤️

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Unknown member
hace 3 días

Si he llorado , y e impaciente 🙏🙏🙏🥲❤️

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Unknown member
Mar 30

Amen 🙏🙏

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