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El verdadero amor proviene de Dios


Sergio Andres
Consejero espiritual



Deuteronomio, Capítulo 31:36, esforzaos y cobrada animo. No temais ni tengas miedo de ellos, porque Jehova tu Dios es el que va contigo no te dejará ni te desamparará.


Todos amamos y queremos ser amados. De hecho, la capacidad de Amar proviene de Dios.


La Biblia explica que Dios es amor. Primera de Juan, Capítulo 4:16, y como nuestro

creador, es los transfieres y amor. Dicho de otra manera, amamos porque él nos amó

primero. Pero ¿qué pasa si no hay nadie en tu vida para dar o recibir el tipo de amor

que anhelas? Encontrar a alguien que satisfaga todas nuestras necesidades es inútil, porque

ningún ser humano puede satisfacer completamente su deseo de amor.


El amor es algo más profundo, algo que llegua a nuestras almas, solo la profundidad de amor de Dios, puede llenar este espacio vacío en nuestros corazones. Fuimos creados para estar en relación con él y sin una relación estamos incompletos.


Dios nos ama y nos ha dado la capacidad de Amarlo, pero esta capacidad depende de ti. Dios sabe y entiende, en los de esperanza para todos aquellos que se sienten solos abrumados, soluchando contra el miedo y la preocupación.


Querido/a, estás listo para experimentar el amor incondicional e inigualable de un Dios perfecto que sabe todo sobre ti. Comienza una relación duradera y satisfactoria con Dios hoy.


 

Hijos míos,


seres amados que he creado con amor infinito, deseo que reflexionéis sobre la esencia misma de lo que llaman "verdadero amor". En mi creación, he tejido el universo con hilos de amor y he insuflado vida a cada uno de vosotros con mi aliento divino. En el centro de este vasto tapiz, el amor es el hilo conductor que une todas las formas de vida.


El verdadero amor, en su pureza y perfección, emana de mi ser. Es un regalo que he depositado en vuestros corazones, un reflejo de mi propia naturaleza. Es un amor que va más allá de las limitaciones humanas, trascendiendo el egoísmo y la búsqueda de intereses propios. Es un amor que se entrega incondicionalmente, sin esperar recompensas ni reconocimientos terrenales.


En el plano humano, el amor muchas veces se distorsiona y se ve empañado por la codicia, la envidia y el miedo. Sin embargo, cuando reconocéis que el verdadero amor proviene de mí, surge la posibilidad de experimentarlo y compartirlo de manera pura. Este amor divino es la fuerza que une a las almas, que trasciende las barreras de tiempo y espacio.


Cuando permitís que mi amor fluya a través de vosotros, os convertís en instrumentos de compasión, perdón y benevolencia. Comprended que amar a vuestros semejantes no solo es un acto de generosidad, sino también una conexión con vuestra verdadera naturaleza divina. En el acto de amar, encontráis el propósito más elevado de vuestra existencia.

El amor que proviene de mí es eterno, inmutable y siempre accesible.


En los momentos de oscuridad, cuando la desesperación amenaza con apagar la luz de vuestros corazones, recordad que mi amor es una llama eterna que nunca se extinguirá. En vuestro viaje terrenal, el amor es la brújula que os guía de regreso a casa, a la plenitud de mi presencia.


Así que, hijos míos, buscad el verdadero amor en vuestros corazones. Reconoced su origen divino y permitid que fluya a través de vosotros, iluminando vuestro camino y el de aquellos a quienes tocáis con vuestra bondad. En este acto de amor, encontraréis la verdadera realización y experimentaréis la dicha que solo puede surgir de la conexión con vuestro Creador.


 

Oremos


Querido Dios, en medio de mi dolor y lucha, en medio de mi soledad, gracias por

no haberme olvidado. Perdóname, por no confiar en ti, por dudar de tu bondad, por no

creer que realmente estás ahí. Elijo poner mis ojos en ti, gracias por cuidar de mí.


Tu amor por mí es tan grande. Lléramé con tu espíritu, renova mi corazón, pido tu esperanza y consuelo, para continuar sanando mi corazón donde se ha lastimado. Dame el coraje para enfrentar otro día, sabiendo que contigo no tengo nada que temer, en el nombre de Jesús. Amén.


Queridos, muchas gracias por escucharme. Mi nombre es Sergio Andrés, tu consejero espiritual, que Dios te bendiga.


 

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